Y mientras todas citaban a Borges
ella era tan  bukowski

Resentida, ordinaria
de vida traspapelada
y apariencia senil
le apasionaba  hacer bocanadas
mientras cruzaba las piernas
se sacaba la blusa
y abría los ojos
al llegar al sillón.

Las noches no le alcanzan
y se levanta a diario
arrastrando deseos
hablando a solas
con su yo desgastado
de tanto frotarse
con la ansiedad tortuosa
de no encontrarse en nadie mas.

Y ya no sabe...
no  sabe  si es suficiente el café
o si prefiere fondos olvidados de merlot y vodka
que naufragan estáticos en forma circular
en su mesita de estar.

Esa misma mesita que huele a pino y
que sostiene esos libros, releídos,
remarcados, con ese olor a ligera vainilla
propio de los libros viejos,
añejados por la humedad y el polvo sin quitar.

Esa misma mesita
testigo de ir y venir
de vasos cortos de whiskey
en esas noches de oír la misma canción
de Norah Jones.

Esas noches en que se descubría
mordiéndose los labios,  casi sangrados
anhelando unos brazos que no conoce,
que no tienen cuerpo ni nombre
pero que apasionadamente espera.
en eso se le pasa la vida...

Y ella,  mientras todas citaban a Borges
ella era tan  bukowski,
con alucinaciones por instantes de versos de Cohen.