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Hoy te queremos presentar la lectura del poema:
Agradecimientos a:
                      Lorena de Vargas

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que diria ahora,
con los otoños mal empaquetados en el pecho
con un un tsunami en la mirada y una país en fuego que no sabe de jazz
 recorre una ciudad triste, una ciudad que no tiene mapa, una ciudad con la geografia deshecha y con gatos que trepan la locura de los ciudadadanos.
allí estas, perdido dentro de vos mismo.
con una pelicula de godard que se proyecta en tu alma
y yo solo solo soy ese espacio infinito que te espera al otro lado de la ciudad.


 
  • 1 Comentarios

Me encantaría ir en esa barquilla, con la mirada llena de cuartos a oscuras. Cuartos con olor a sexo y nicotina.
Me gustaría atravesar un poco de agua y pensar que pronto todo se ira por la borda, como termina siendo el final, una partícula en constante colisiones con la nada.
Cuando la botella ya no destila ni tristezas ni carcajadas.
A veces también me encantaría ir atada de manos y pies. Ver otra vez los agujeros negros de ese mar que vive oculto debajo del alma, esta vez no tan azules ni tan negros.
Me gustaría quedarme convenciéndote de que esta loca nave tiene grabado en su madera las crónicas mas prostitutas y alcohólicas del mundo entero, y sin embargo espera ese loco como si fuera el único que ahora mismo pudiera abordarla. 

  • 2 Comentarios

Desenterrando las catástrofes, viajes sin maletas y sin mapa
Techos agrietados y fotografías rotas. Palabras.
Convergen las rutinas al otro lado del mundo, sin puntos suspensivos, sin boletos, los rieles ya no dejan escapar a la chica atada, el tren ya no transporta olvidos. El asesino no vuelve al lugar del crimen. Hoy podría ocurrir cualquier cosa, podría ir al centro y encontrar a la rubia de las películas, a la chica-fatalidad

Mutila recuerdos y cartas, para que se vean un poco mas lejanos. Pj Harvey en el borde del silencio.

Apretaba fuerte los labios, se le notaba que las palabras las tenia todas clavadas en las costillas. Una amargura en ese momento charlaba con el humo acumulado en sus pulmones, un abismo se abría detrás de la mirada. Solo quedaba una cosa por hacer, no era respirar o cruzarse de brazos, era llenar el auto completamente con gasolina y dejar caer, por pura casualidad, un cigarrillo encendido.

Después de la casualidad hay un precipicio o un incendio sin música de fondo. A menos que la casualidad de ese día sea una estafa.

Pone el mundo sobre sus rodillas y la nicotina detrás de los pulmones

como hace siempre que esta a punto de incendiar las conversaciones

Dejando escapar la respiración a intervalos asimétricos

Ha comenzado a extrañar las huidas que dejó en un tren, las fotografias debajo de la cama donde durmió hace algunos años

El polvo le cierra el atardecer

También el maquillaje parece disuelto en este enjambre de líneas que se clavan en el éxtasis de sus manos impares.

Cierra los ojos cuando necesita una copa dejando que sus desiertos internos se pierdan en laberintos helados.

Lo sabe todo. Hace que el silencio le obedezca con sola mover bien las manos, en esta perfección cabría esperar que la mala puntería de las botellas no puedan tener un amanecer exacto. Mira más allá de un nombre, de un simple libro que contiene frases estropeadas y puntos de equilibrio mal redactados. Aquí la descripción se desvía, como esos trenes imaginarios que perforan los recuerdos, los siglos que nunca tuvieron principio ni fin. Ella inmóvil, con la apariencia de un rifle bajo la manga. Del otro lado, un superhéroe que todavía no sabe donde ha dejado su mascara.