Te imagino, exquisitas letras me trasladan a paisajes desconocidos. Deseo tus labios y aún no los he mirado, he sentido tus manos y aún no me has tocado, mis ojos se han posado en tu regazo. He visto cómo rasgas mi ropa con palabras y he sentido húmeda la mía y duro el tuyo después de un punto y coma. Te imagino...
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Desde tu partida, me costaba muchísimo mirarla y hasta me molestaba saber que estaba ahí. Su aroma, forma, color y textura me resultaban "desagradables"; pero hoy mientras me encontraba en mi habitación bajo la luz de una vela y respirando el suave aroma de una barita de incienso de canela que había encendido para relajarme; cerré mis ojos y mientras respiraba profundamente me trasladé a un momento mágico de los tantos que tuvimos en ese lugar donde pasamos nuestras últimas noches juntos, ese lugar con olor a cigarrillo y a veces oscuro, donde sólo entraban los rayos de luz a través de la persiana que cubría la ventana.
Era una imagen orgásmica que aceleró mi pulso e hizo que mi corazón palpitara cada vez con mayor velocidad. Ahí, estabas vos de pié con tu conejito frente a mi, estábamos parados sobre nada, lo único que nos sostenía era el deseo de consentirnos.
Tu conejito se encontraba frente a mi, a la altura de mi boca… al ver su postura, me di cuenta inmediatamente que sin hablar, calladamente me pedía a gritos que lo consintiera, quería que lo tomara con mis manos para acariciarlo, ansiaba que lo tomara en mis manos y lo acariciara de arriba abajo una y otra vez, deseaba enormemente que lo besara, que humedeciera su firme y fuerte cabecita; en ese momento, sentí como mi conejita comenzó a humedecerse al ver como mis labios besaban al que luego la haría enloquecer de placer. Al sentir mi conejita está tan húmeda y calientita, me doy cuenta que es el momento propicio para hacer las pases con ella.
Decido volver a mirarla; pero esta vez no con enojo, ni nostalgia, esta vez la miro con respeto y un fuerte agradecimiento (pues esta conejita, me ha regalado los mejores momentos de mi vida) y la saludo después de más de 30 días de evitar hasta mirarla. Comienzo dándole una delicada palmadita y luego voy pasando mis dedos suavemente sobre ella una y otra vez, pienso que sería rico hacerlo un poco más fuerte para que ella pueda sentirme mejor y así lo hago… después de un momento me doy cuenta de lo agradecida que está conmigo, no dijo nada pero puede notar lo feliz que estaba; conozco bien la posición que adopta cuando está en la cumbre… le gustó muchísimo tenerme de vuelta, se sonrojó y poco a poco fue tomando fuerza y no pude negarme a permitirle tenerme cerca y saber que estaba de vuelta para recordar juntas esos deliciosos momentos que habíamos vivido y compartido con ese conejito que nos regaló tantos momentos de placer… imposible olvidar al conejo más fuerte, vigoroso y grande que haya mimado a mi conejita. La acaricié tantas y tantas veces como quiso y sin pensarlo, pude sentí que humedeció mis manos (lloró de alegría).
Juntas dimos gracias al universo, por regalarnos una noche tan especial, evocando esos momentos de tu conejito y mi conejita, regalándose amor. |

