Conozco a unos ojos terrestres
que yacen semi-engrillados
dentro de sus órbitas-cárceles.
Las pupilas arenosas y fatídicas
mendigan al desprejuiciado horizonte
un resabio de la ociosa claridad.
El hedor de una próxima penumbra
los arrastra a protegerse
con muletas irrisorias de vidrio.
Sostengo a estos ojos deshilachados
que, aunque pintados de celeste,
no se abastecen por sí solos.
Soy quien consuela
a dos ojos que heredaron
al vislumbrar la luz
su vocación de eunucos resignados.
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Bajo esa saya
voces a pierna suelta se vuelven coros. Malas noticias
para el sol : perdió su luz delante de ti. Ese perfume
no cumple con su deber. Tú lo perfumas. Te anunciaste,
y la intriga de los oráculos naufragó.
Cuando mi corazón-aldaba
fue sacudido por tus párpados,
los hipocampos me poseyeron.
Las palabras, perplejas,
anidaron en hirsutos diccionarios
porque nos eran despreciables.
Una mujer ha vuelto a parirme.
Todavía quedan paraísos por descubrir.
Y tú eres uno.
Rojas, tan rojas,
esas medias me alejan siempre del rojo. Universos y
más universos para en tu escote anclar. Octubre 05, 2011 - Escrito por Alfredo Vento en Sentimientos Esta lumbre obcecada - dédalo impar entre poros, envite troglodita - instruye talegos.
Ella comete
pecados quirúrgicos : sus tacos laten . Faros carnales
de un pueblo soberano : van, tus rodillas. Sí. Dios envidia
la saliva que arropan sus labios de pan. I
Malecón andariego, raíz luminosa, ejército nocturno, isla solidaria.
II
Miel ambulante, república labial, emblanqueces negruras, inimitable sancocho.
III
Meces avalanchas, restañando longevos eclipses nómadas, imán sandunguero.
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