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Hoy te queremos presentar la lectura del poema:
Agradecimientos a:
                      Lorena de Vargas

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¡Citius, altius, fortius! 

 

Será el grito de guerra de los vencedores,

Quienes se levanten aúnque comentan errores, 

quienes pese a las adversidades miren al sol de frente.

quienes no teman tomar decisiones,

quienes en cada adversidad vean una oportunidad.

 

¡Citius, altius, fortius! 

 

Será el grito de guerra de los vencedores,

Quienes sólo necesitan de sus manos e intelecto para ser gladiadores,

quienes en el tiempo encuentren el refugio para ser mejores,

quienes no retroceden ante el primer escollo,

quienes por su tenacidad y persistencia son campeones.

 

 

¡Citius, altius, fortius! 

¡Será el grito de guerra de los vencedores!

¡Citius, altius, fortius! 

 

Será el grito de guerra de los vencedores,

Quienes se levanten aúnque comentan errores, 

quienes pese a las adversidades miren al sol de frente.

quienes no teman tomar decisiones,

quienes en cada adversidad vean una oportunidad.

 

¡Citius, altius, fortius! 

 

Será el grito de guerra de los vencedores,

Quienes sólo necesitan de sus manos e intelecto para ser gladiadores,

quienes en el tiempo encuentren el refugio para ser mejores,

quienes no retroceden ante el primer escollo,

quienes por su tenacidad y persistencia son campeones.

 

 

¡Citius, altius, fortius! 

¡Será el grito de guerra de los vencedores!

  

  

  • 2 Comentarios

Déjame sin palabras, déjame sin aliento, pero nunca me dejes!

Déjame discutir y perder, déjame agotado de mirarte, pero nunca me dejes!

Déjame sin argumentos, déjame perderme en tus ojos,
pero nunca me dejes!

Déjame escéptico del mañana, déjame perderme en tu piel, pero nunca me dejes!

Nunca me dejes!

Para qué me molesto, si a mi no has vuelto.
Para qué me molesto, si parece que ya no te intereso.
Para qué me molesto, si de ti no tengo el recuerdo.
Para qué me molesto, para qué me molesto, para qué me molesto...

Todo este tiempo, espacio y distancia...
y de ti?
Nada!
No te veo, no te escucho, no se si me ves o si me escuchas.

Entonces?

Para qué me molesto!?

No, yo no me he arrepentido de nada. Tú sabes cual es mi política acerca del arrepentimiento. Me arrepiento de las cosas que dejo de hacer, no de las que hago. –le habló seca y firmemente mientras la miraba-.
No quiero llegar a la vejez sin algo que recordar... No quiero una vida plana y sin emociones, no quiero días calcados… -ya entiendo- le respondió ella. Pero él la volvió a cortar y continuó: no quiero cometer los mismos errores teniendo tantos nuevos para cometer –afirmó en un tono que por un momento pareció cínico-, luego habló: Quiero aventurarme y sentir el dolor de una desilusión, el baile bajo la lluvia y la Luna como única luz mientras me revuelco en el césped con la mujer que amo…
en ese momento, ella, secamente y como nunca se le había sentido en la voz, de una forma escueta, sentenció: pues que envidia de esa mujer... él no le prestó atención y decidió continuar mientras la miraba a los ojos sin parpadear: Quiero recuerdos! no una mente vacía y un corazón arrugado por su cobardía! Ojalá sintieras más decisión que envidia... –le dijo levantando la voz, y vio de nuevo en los ojos de ella… la desesperanza-. Sin ahorrar segundos, ella le contestó: no soy esa mujer... eso lo tengo claro... él, se levantó de la mesa, estaba claro que la discusión había terminado. Sin dejar de mirarla pronunció las que serían sus últimas palabras en ese momento: Bueno, al menos uno de los dos lo tiene claro, e inclusive tiene la voluntad de no estar en la vida del otro. –Dijo, mientras se acomodaba su chaqueta-. Ojalá yo tuviera la misma valentía que tú y dejar de ser parte de la vida de otra persona...

No miró hacia atrás, pero igual sabía que ya no era lo mismo. Ella había destapado sus cartas y él lo entendió –no de la manera que ella quería que él lo entendiera, pero lo entendió-.

La noche ya estaba haciendo eco en su cansado cuerpo, la emoción lo había desalentado y el corazón… del corazón todavía no hay noticias.

Admítelo: lo robaste.

Si, ingresaste como ladrona, a hurtadillas en la oscuridad.
Lo habías planeado, sin dejar nada al azar.
Te moviste entre las sombras, sin ruido alguno.
Para cuando llegó el alba… fue demasiado tarde.
Lo habías robado, mi corazón… lo habías robado.