El Nadaísmo y la Poesía

A propósito del Nadaísmo y su cumpleaños
Presentamos el segundo aparte del Primer Manifiesto Nadaista, acerca de la poesía.

Trataré de definir la poesía como toda acción del espíritu completamente gratuita y desinteresada de presupuestos éticos, sociales, políticos o racionales que se formulan los hombres como programas de felicidad y de justicia.

 

Este ejercicio del espíritu creador originado en las potencias sensibles, lo limito al campo de una subjetividad pura, inútil, al acto solitario del Ser.

El ejercicio poético carece de función social o moralizadora. Es un acto que se agota en sí mismo. Que al producirse pierde su sentido, su trascendencia. La poesía es el acto más inútil del espíritu creador. Jean Paul Sartre la definió como la elección del fracaso.

La poesía es, en esencia, una aspiración de belleza solitaria. El más corruptor vicio onanista del espíritu moderno.

Sin duda, queda una posibilidad de belleza viril en la poesía colombiana, de belleza inútil y pura, y ésta sólo puede ser el producto de la estética Nadaísta.

Y la poesía Nadaísta es la libertad que desordena lo que ha organizado la razón, o sea, la creación inversa del orden universal y de la Naturaleza.

La poesía es por primera vez en Colombia una rebelión contra las leyes y las formas tradicionales, contra los preceptos estéticos y escolásticos que se han venido disputando infructuosamente la verdad y la definición de la belleza.

André Gide soñaba en “Los nuevos alimentos terrestres” con un arte de las palabras que no tratara de probar ni definir nada.

Tal adivinación sobre la esencia de la poesía, materializa la fe creadora del mundo irracional y consciente en la poesía Nadaísta, de la cual se excluye la polémica, la dialéctica, la lógica, la retórica, el ritmo, la rima, la belleza clásica, el sentimiento, la razón, para quedar reducida a la simple intuición de belleza purificada y liberada de la satrapía de las entelequias y de las formas, y depurada en el simple esquema, la honda víscera del irresponsable espíritu creador que produce simultáneamente belleza Consciente-Inconsciente; Irracional-Conceptual; Onírica-Despierta; o sea belleza pura-nata como un pecado original.

Belleza que es protesta y desobediencia a todas las leyes Ético-Políticas-Estéticas-Sociales-Religiosas, y es vértigo ante el peligro de lo prohibido. Porque ser poeta significa aceptar esa pasión culpable y a la vez redentora derivada de la alegría que produce la destrucción del Orden Universal. En cuya destrucción se purifica el espíritu de todas sus resignaciones, conformismos divinos y revelados que traen el mensaje de la perdición y esclavitud del espíritu.

Por la gran causa libre de la poesía no es posible, ni lícito, ni permitido, hipotecarla en empresas idealistas de orden social o político. Eso sería asignarle un legítimo carácter bastardo a su género.

No se puede comprometer la poesía asignándole responsabilidades espirituales o morales en el devenir del hombre y de la Historia. De eso se encargaría la política, que es arte y ciencia al mismo tiempo, implica aspiraciones de justicia y de felicidad, y es síntesis de valores racionales.

Al surgir esta nueva forma de belleza Nadaísta toca a su ocaso la belleza clásica; la belleza medida y calculada; la belleza pulsada e inspirada; el pasatiempo de la belleza; la enseñada por los profesores de retórica; la belleza del éxtasis celeste; la belleza lírica; la belleza elegíaca; la belleza épica y pastoril; el truco abominable de la belleza parnasiana; la que fabrican los poetas masivos y mesiánicos..., pero sobre todo, la belleza que se hace con olor a mujer, esa detestable traición a la belleza que es el romanticismo.

Secularmente la poesía colombiana ha extraído su numen de las pestilencias o los perfumes del sexo femenino, lo que significa una impureza y un impudor contra la castidad del arte.

No más concubinato lírico con las musas. Eso es pagar con monedas envilecidas el alto precio de la belleza.

Como la poesía Nadaísta es una revolución frente a la estética tradicional, eso implica el descubrimiento de una nueva estética que abrirá todos los controles bajo los cuales ha permanecido oculto un misterioso mundo poético: el mundo subconsciente que es como el depósito general de un almacén del espíritu que provee las exigencias de la conciencia reflexiva.

Esos materiales irracionales son como basuras del espíritu moral, los reductos desechados por el puritanismo burgués. Nosotros los Nadaístas vamos a recogerlos y a consagrarlos como materia de arte, como yacimientos de riqueza inexplotada, con los cuales vamos a elaborar una belleza pura, sin sometimientos a la dictadura de la razón y a las prohibiciones de una retórica frígida.

La revolución Surrealista de André Breton intentó esta aventura salvando a la poesía francesa del fastidioso academicismo en que estaba detenida, creando bases para la expresión de una estética libre de sujeciones y preceptos.

Breton definía esa elevada misión reformadora del Surrealismo con la creencia en una “...realidad superior de ciertas formas de asociaciones despreciadas hasta entonces, en el poder del sueño, en el juego desinteresado del pensamiento...”

Para identificar la poesía Nadaísta será necesario que alternen en el poema la razón frígida de la sensibilidad intuitiva, simultáneamente con la sensibilidad ardiente de la Razón Pura deductiva.

Lo que no sea esto, será bazofia bizantina, vergonzosos lastres de academicismo; artificio estéril de retóricas decadentes; residuos lustrosos de estéticas insepultas pero ya podridas; cadáveres de belleza disecada y conservada por el mal gusto, los sentidos atrofiados, y una propensión del espíritu neutro y eunuco del hombre colombiano para reaccionar positivamente, virilmente, ante los estímulos apremiantes de la nueva belleza Nadaísta.

gonzalo arango

artside febrero 2016